martes, 16 de abril de 2013

Nadie piensa en los niños

Últimamente se está hablando mucho del tema de los escraches en las casas de políticos, que si son violentos, que si eso es delito, que si es pecado mortal. Yo no suelo meterme en camisas de once varas y tampoco me voy a poner a evaluar si me parece válido o no que se hagan. Se han escuchado opiniones y quejas de todo tipo, incluso esa tan bonita de "esto es nazismo". A la señora que dijo eso le transmito esta anotación: Ud. no tiene ni idea de lo que es el nazismo ni sobre que ocurrió en la segunda guerra mundial, eso está más claro que el agua. Pero no es a esto a lo que voy, aunque me hierva la sangre cada vez que leo un comentario tipo: si esto no me gusta, es nazismo. No me hubiese metido en el fangueral si no me hubiese maravillado la siguiente afirmación: ¿por qué tienen que aguantarlo los niños? Me encanta. Me fascina. No diré que más me ocurre al leerlo porque es hasta obsceno. Me recuerda tanto tanto a la señora Lovejoy de los Simpson gritando aunque no venga al caso: ¿Es que nadie va a pensar en los niños? Ya lo comenté hace un tiempo en un post anterior: los niños pequeños, la madre o padre coraje, el "no sin mi hijo/a" nos toca la fibra sensible prácticamente a todos, todo parece mucho más grave si se le hace a un niño inocente que a un adulto. Y que yo no digo que no, a mi también se me rompe el alma si veo a una criatura padeciendo, pero por eso precisamente este argumento de "los que sufren son los niños, víctimas indefensas" me parece un argumento de mierda. Así de claro. Este argumento ha sido digerido y defecado previamente antes de ver la luz. ¿Por qué? Pues porque me parece que están intentando ablandar el corazón del personal utilizando a los niños como excusa. Si la idea era que nos sentásemos a pensar: -Pero que malos que malos estamos siendo, protestando en horario infantil, donde los pobrecitos hijos de políticos y banqueros pueden verlo, vamos a dejarlo estar. Pues lo han conseguido; yo me he sentado a pensar sobre todo esto. Me imagino sinceramente a ese niño. Me lo imagino monísimo, castañito y con el pantaloncito corto y las rodillitas peladas de tanto jugar. Lleva un tirante del peto desabrochado y un trenecito rojo en la mano, que ricura. Me imagino al angelito mirando con los ojos llorosos por la ventana mientras la turba increpa a su papá, le insultan y le amenazan. Su papá llega a casa con el abrigo revuelto de los tirones y deja la cartera en el suelo, el pequeño corre a sus brazos y llora: -Papá, ¿por qué nos hacen esto? ¿por qué te dicen esas cosas si tu eres muy bueno? ¿Quíen es esa gente? Visualmente la escena es de oscar como mínimo, me lo reconoceréis. Ahora os voy a contar la verdad sobre Pablito. A Pablito lo han criado con todos los lujos, vive en una casa preciosa, señorial en un barrio bien caro de Madrid o Barcelona y nunca le ha faltado detalle. Juguetes, un buen colegio privado, profesor particular si se diese el caso y por supuesto a la mínima tosecilla al hospital, privado también sin colas ni esperas. Cumpleaños por todo lo alto con cañones de confeti y lugares mágicos de fantasía, vacaciones en Baqueira beret y lo que haga falta, no reparamos en gastos. A Pablito lo ha criado su Nana, o su Tata o como la llamen en casa y su padre o su madre, que están muy ocupados, no le hacen ni el más putísimo caso. Cuando Pablito crezca, eso si, aunque sea un completo inútil lo colocarán en un buen puesto con un sueldo aún mejor para seguir mantentiendo el honor y el patrimonio familiar. Me parece fabuloso oigan, yo también desearía poder darle todo eso a mis hijos. Lo que no veo tan claro es que no sepan ni como se llama el crío pero luego se les llene la boca con el "nadie piensa en la pobre criatura" Es un argumento totalmente sensiblero, manido y sobretodo, rastrero. Es sucio, en lugar de decir: -me molesta que vengan a mi casa a decirme de qué mal me debería morir por ladrón y corrupto- que es la realidad, se dice: -pobre Pablito, que tiene que oir cosas terribles de su papi- Hay cosas que Pablito debería saber: Pablito debería saber que su papá o su mamá han hecho una cosa muy fea que es robar, robar a gente inocente como él y encima, cuando les han pillado han dicho que es mentira y por supuesto que no lo van a devolver. Que hay gente que se está quedando sin casa, sin comida, sin trabajo y que tienen niños pequeños como él, incluso con los que podría jugar, pero que probablemente no podrán porque les están quitando los colegios a los que ir por ejemplo. Me gustaría preguntar y obtener una respuesta sincera: ¿qué es realmente lo que les duele; que sus hijos vean las miserias del mundo, la desesperación de la gente, que sepan lo que es la realidad o bien que vaya la gente a molestarles a casa? Es egoísmo puro y duro, es la cultura de "no afronto las consecuencias de mis actos". Es un quiero hacer lo que me de la gana con total impunidad y nadie tiene derecho a quejarse, a colorearme la cara delante de mis hijos o hacerme pasar un mal trago porque eso, es nazismo. La cuestión es que quejándose del escrache y diciendo "pobres niños" (míos, claro) no se soluciona el problema, la gente no hace las cosas por hacer, las hace porque no ven otra alternativa. ¿No quereís gente protestando en la puerta de vuestras casas? Tiene solución, una muy clara y muy obvia: devolved lo robado, mandad a todos y cada uno de los corruptos a la cárcel y obligadles a devolver todo el dinero, aceptad la dación en pago de la vivienda, mejorad la sanidad y la educación pública, escuchad al pueblo y actuad en consecuencia. Pensad en vuestros pobres hijos, hacedlo por ellos, que tanto os importan. Pero claro, mientras escribo esto, me acuerdo de los Simpson, cómo no, que como dice mi madre son nuestro catecismo. Me acuerdo del señor Burns cuando recibe una llamada de "hombre feliz" y dice: -¿Un dolar por la felicidad? mmmm no, soy más feliz con el dolar.

viernes, 5 de abril de 2013

Pepita me tiene envidia

Estoy en la cocina preparando una comida de urgencia, a saber: comida que preparas casi a las tres de la tarde porque no te has acordado de comer antes y empiezas a marearte de hambre, de aspecto poco halagüeño. El sabor tampoco acompaña y cuando ya me ha subido un poco la glucosa pienso: - también ya me vale, me podría haber esmerado más. La cuestión es que me planteo, mientras cocino, la siguiente hipótesis: Supongamos que yo invito a comer a casa a unos amigos con los que no tengo mucha intimidad, puede que amigos del vikingo. Como he decidido lucirme les voy a preparar una paella, que resulta, que como no preparo a menudo o yo no estoy muy lúcida ese día porque como regla general no cocino mal, la cuestión es que me sale salada. Pero no salada de sentidita, salada tipo océano Atlántico, con un toque de mar Muerto. Total, que mis amigos como son buena gente se la comen ocultando los gestos de horror y me halagan muchísimo diciendo lo buena que me ha salido la paella. Y yo tan contenta. Pero Pepita, que no es tan solícita o que al menos no le da la gana mentirme me dice con total sinceridad: -Chica me vas a perdonar pero esto no hay quien se lo coma. La gente la mira con odio y yo me ofendo un montón: con lo buena que me ha salido a mí la paella... Acto seguido mis amigos se le tiran a degüello a Pepita y la ponen de vuelta y media, lo más suave que le dicen es que es una borde y una maleducada y que seguro que ella no es capaz de hacer una paella como la mía y que si sabe, que nos invite a todos a su casa y lo demuestre. Pepita dice avergonzada: -Pero es que está muy salada! y yo solo he dicho que no me gusta no que tu cocines mal. Yo no se preparar paellas Buena la ha dicho, enseguida se meten con ella alegando que si no sabe preparar paella como se atreve a criticarme -Bueno ya, no se hacer paella pero he comido paella antes y se cúando está buena y cúando no. En fin, cuando Pepita que ha aguantado el chaparrón con bastante dignidad y hasta se ha disculpado porque la paella no le ha gustado, se marcha una amiga me dice: -Tranquila, tu paella es maravillosa lo que pasa es que Pepita te tiene envidia. NO. He dicho que no y punto, Pepita no me tiene envidia porque haya dicho que mi paella es un asco, Pepita ha hecho una valoración de mi paella probablemente más objetiva que la del resto del grupo. Pepita no tenía intención de herirme probablemente solo quería expresar su descontento porque se le había dormido la lengua comiendo mi paella. Vamos a aprender a discernir un poco entre críticas en plan Barrio Sésamo: La paella es una mierda y Pepita dice: -Me vas a perdonar, pero no me gusta la paella, está demasiado salada. Pepita solo ha hecho una crítica objetiva en la que me ha presentado el motivo de su crítica La paella es un asco y Pepita dice: -No me lo tomes a mal, pero es que la paella está mala porque está demasiado salada, la próxima vez ponle menos sal y más agua, mi madre la hace siempre así y le salen de muerte. Pepita es una bellísima persona porque además de hacerme una crítica constructiva me ofrece un consejo sobre como mejorar la próxima vez. La paella es mala y Pepita dice: -La paella está salada y tu llevas un vestido horrible. Pepita es una cabrona La paella es un manjar de los dioses y Pepita está estudiando para ser chef pero no se le da demasiado bien y dice: -Tia, es la peor paella que he probado en mi vida, da asco. Ahí SI podría yo dilucidar que Pepita está jodida porque mi paella es mejor y me suelta la bordería con toda la mala idea. No se si me seguís; pero hay formas y formas de hacer una crítica y no se puede achacar todo a que la única motivación del que critica sea la envidia pura y dura. Al fin y al cabo, esa noche nadie pudo dormir sin beber tres vasos de agua y al día siguiente todos tenían los labios cortados de lo salada que me salió la dichosa paella. Y si la metáfora resulta muy abstracta para vosotros; sustituid "paella" por "danza" y está hecho.