viernes, 19 de julio de 2013

Cincuenta sombras de...en fin

Llevo un tiempo, si debo ser sincera, intentando contenerme. Juro solemnemente que lo he intentado con todas mis fuerzas, pero ya no puedo más.
Qué queréis que le haga, estoy sometida a demasiada presión mediática, demasiado bombardeo, demasiada gente criticando alegremente. 
Y yo me decía como Ana Obregón en aquella entrevista en semitrance: anaaaa....tranquii....anaaa....
Pero me ha superado, he sucumbido miserablemente, lo reconozco. Quería hacer como con lo de Truñúsculo, criticar solo con ver la película y habiendo ojeado uno de los libros en la estantería de una tienda dejándolo de nuevo con gesto de asco.
Pero bueno, la promesa del sexo salvaje me ha hecho aceptar el trato, como Mary Poppins y su píldora de azucar.
En fin, que me he leído Cincuenta sombras de Grey. Solo el primer tomo, no tengo fuerzas para más.
Y tengo que criticarlo, lo necesito; fundamentalmente lo he leído por esa única razón, por eso y por curiosidad morbosa, todo sea dicho de paso.
Antes de arrojarme por el barranco de las opiniones, quiero decir que no pretendo emular en modo alguno a mi buena amiga Mari Carmen, autora del blog "La diseccionadora de libros" que aprovecho para recomendaros.
Si queréis leer críticas bien hechas, es a ella a quien tenéis que leer. Lo mío se va a parecer más al raje de la hora del café que por cierto, le dedico, a ella y a Mel, (Diario de una chica positiva), porque las echo mucho de menos, y así al menos al leerme, pueden sentir que nos hemos ido a tomar uno de esos cafés de cinco o seis horas y volver a casa con dolor de mandíbula de tanto reír y rajar.
Voy a ir directa al meollo de la cuestión porque aquí hay tela que cortar. Evidentemente hay spoilers y barbaridades varias. Avisaditos estáis.
En primer lugar tras las primeras diez páginas me sorprende que no está TAN mal escrito como yo esperaba, que el libro en general no opone resistencia alguna a la hora de leerse lo cual me lleva a entender parte de la razón de su éxito.
Luego esta ilusión se desvanece por completo.
La protagonista es Anastasia Steele (tela con el nombrecito nuevamente). Anastasia (Ana, para los amigos) es una muchacha de 21 años que estudia literatura o similares y que le gusta leer los clásicos ingleses como Jane Austen y compañía. Eso tienen que contártelo, porque Ana no hace particular gala de unos conocimientos profundos que en mi opinión debería tener una licenciada (o graduada, o lo que sea) en letras.
Ana me recuerda profundamente a la famosa Bella Swan (afortunadamente en la película la interpretará la preciosa Alexis Bledel y no el cardo borriquero de Stewart) Ana es una chica normal, tan normal como una coliflor o una lechuga, con la personalidad de un gasterópodo. Sus aficiones son leer e ir al cine. En esto se diferencia abismalmente de la otra que no hacía nada mas que mirar al horizonte. 
Nuestra amiga Ana se describe a sí misma como: alta, delgada, de piel pálida, cabello largo moreno y rebelde y enormes ojos azules. Después inicia un monólogo de flagelación exaltando las virtudes de su mejor amiga y lo fea e insulsa que es ella. 
Y yo lanzo la siguiente pregunta para todo el respetable ¿han cambiado los gustos de la sociedad occidental en los últimos veinte minutos y no se me ha informado? ¿Desde cuando una chica alta y delgada de enormes ojos azules se considera algo feo? Por esta descripción yo solo soy capaz de dilucidar: Ana está buena.
Ana tiene un problemita, así siendo suave; nuestra querida autora, para que nos sintamos más identificadas con ella, la ha dotado de una inseguridad patológica. Su autoestima es básicamente inexistente y a pesar de ser un bellezón, tener una nota media impresionante en la universidad (aunque impresiona más aún cuando la lees expresarse) y tener a varios moscones detrás, el discurso de nuestra protagonista durante los tres primeros capítulos del libro se reduce a: mi amiga es tan guapa y yo tan fea, soy tan tonta, tan patosa, tan inútil, tan basura en general...
Su entrada en el despacho del señor Grey es cuanto menos, gloriosa: Ana se tropieza con la raya del suelo (porque sino no me lo explico) y cae de rodillas a los pies del señor Grey.
¡Hola metáfora de poder! ¿quieres una copa? aquí estamos echando la tarde los tópicos y yo.
Bueno, a lo que iba: esta muchacha con el interés y la personalidad de un cebollino, consigue enamorar sin comerlo ni beberlo al señor Grey.
Un personaje que según como se mire es el sumum de la estupidez o el personaje más interesante del libro con diferencia.
Describiéndolo a grosso modo, el señor Cristhian Grey es guapo, guapísimo, inteligente, joven, se ha hecho a si mismo, misterioso, intrigante, sexy, folla de campeonato y tiene un porrón de millones en el banco.
Como pegas es celoso, obsesivo del control, maniático y se enfada a la primera de cambio generalmente por gilipolleces.
Pero de las pegas, aunque la autora lo ha intentado, apenas te enteras.Quiere darte la impresión de caballero de brillante armadura pero con sombras (de ahí el título) pero en mi opinión, sin éxito. Si, le manda muchos mensajes al movil, sí, no le gusta que vea a otros hombres. Sinceramente ¿que hombre no hace eso al principio de la relación? Ya que nos ponemos, pues mira, que sea muchimillonario y la tenga grande.
Así que Ana pues firma y digo firma porque el insurrecto le hace firmar un contrato porque le va el sado y quiere practicarlo con ella.
Este es quizá el punto más relevante de mi diatriba: he leído algunas opiniones que describen las escenas de sexo como muy fuertes, muy excitantes. Algunas personas me lo han dicho directamente, que el libro es fuertecito.
Bueno, pues cuando leí el contrato a mi me entró la risa, sobretodo por lo que ellos llaman los "límites infranqueables" que incluyen; cito:
Actos con fuego o velas, actos con orina o excrementos, actos con cuchillos o perforaciones en la piel, actos con sangre, electricidad, sexo con animales o niños, actos con material ginecológico, dejar marcas permanentes en la piel o actos relativos al control de la respiración (asfixia).
Oh dios mio, dios mio al chico que me gusta le va mogollón el sado, es muy malote y me va a hacer de todo, excepto todo lo que implique sadismo en modo alguno.
¿Qué coño te va a hacer Ana? ¿Pam pam al culín?
Porque sinceramente, unos azotes en el culete, sea con la mano abierta o con fusta, ni es sado ni es na. Es sado descafeinao. Es como el cafe que me tomo yo, descafeinado, con  leche de soja y sacarina, eso dejó de ser café hace mucho y solo le queda el nombre.
Chica no se, yo me esperaba que se yo, algo más fuerte, y cuando avanzo un poco me doy cuenta de que he acertado de pleno; las escenas de sexo son pocas y cobardes, bastante repetitivas tanto en la narración como en su desarrollo y el sado brilla por su ausencia. Eso si, como tiene un chorrón de millones la infraestructura (cama rococó de finales del S XIX según nuestra amiga Ana, que en ese momento nos demuestra de qué le ha servido su lienciatura) pues el chico, la tiene.
Un arsenal de fustas, látigos, bolas chinas y dildos básicamente de decoración. 
A todas esas personas a las que parezca que este libro es fuerte es porque no tienen costumbre de leer palabras como clítoris, orgasmo, follar, etc en un texto, y punto.
Voy a pasar ahora a dos cuestiones estilísticas antes de entrar a trapo con las escenas de sexo.
¿De verdad es necesario que la autora use las marcas de todos los productos que utilizan durante todo el libro? ¿le han pagado? Audi, playstation, bombay saphire, blackberry, macbook, ipod...El libro se limita a un baile, a una sucesión de marcas obviando completamente los sustantivos. Ana en ningún momento coge el coche: se monta en su Audi, faltaría más. Pero no queda ahí la cosa, también te dice el modelo, no vaya a ser.
Me da la sensación de que esto es una burda (muy burda) táctica para hacernos una falsa imagen de la realidad y así hacernos creer que: oh! nos puede ocurrir a nosotras.
Veinte veces que se monta, veinte que te recuerda que tiene un Audi. Bien que te molestó que te lo comprara, ¿que pasa ahora? para tus adentros piensas: oh voy a montarme en mi Audi? porque yo no me lo creo, sinceramente.
Segunda cuestión, para mí, la que más denota lo pobre que es este libro. Durante las primeras páginas la autora desarrolla un diálogo interno entre Ana, el subconsciente de Ana y "La diosa que lleva dentro" En su primera aparición es un recurso gracioso, también lo es en la segunda y la tercera. La cuarta cansa.
Y cuando absolutamente en todas las páginas "mi subconsciente" y "la diosa que llevo dentro" tienen alguna linea me demuestra que esta mujer tiene los recursos de una cucaracha para darse la vuelta.
Además, Ana tiene la costumbre de poner los ojos en blanco aproximadamente cada dos lineas, así como el resto de su familia y amigos, su subconsciente suele cruzarse de brazos y dar golpecitos en el suelo con el pie y la diosa que lleva dentro se dedica a todo tipo de acrobacias. 
Me resulta angustioso cada vez que leo "la diosa que llevo dentro" porque Ana, ¿donde estaba esa diosa cuando te caíste de morros en el despacho del chorbo? ¿donde estaba cuando te veías ridícula y horrible en el espejo? ¿De parranda?
También hace mucho hincapié en el delicioso olor de Cristhian: a gel carísimo y a "él". Una vez vale, dos pase por si me había olvidado. A la de mil, da tedio, ya se como huele Cristhian, me lo has contado ya, se que te gusta pero a menos que pretendas destilarlo y venderlo no veo por qué hay que insistir. 
No se si para dar sensación también de realidad, para acercarnos a la protagonista o para qué, la autora nos incluye una multitud de uau, uff, ah, ummm y otras onomatopeyas que más que darme la sensación de que Ana me está contando lo ocurrido, tomando un café, me parece que la autora no puede contener su entusiasmo en las escenas de sexo y antes de dejar el ordenador para masturbarse se le escapa.
Escenas de sexo, ya lo he dicho: pobres. Tiene dos en mi opinión que merecen mas recalco y son quizá la primera en la que Ana pierde la virginidad (como no podía ser de otro modo, no sea que no se entregue a la primera al hombre de su vida) más que nada porque es la primera que aparece en el libro, la más detallada, vamos, la escena de sexo a cuyo alrededor escribió un argumento para darle sentido. Y la primera de sado con la fusta (que es básicamente todo lo que aparece en realidad) lo demás son variaciones sobre el tema, que si ahora encima de la mesa, que si ahora en un sofá, que si ahora de pie. 
Que bien, que tampoco nos vamos a poner muy quisquillosos considerando que tampoco es que puedas describir de muchas formas más el acto sexual como para escribir una trilogía. ¿O quizá si? igual con un buen diccionario de sinónimos podría funcionar. Por aquello de que los orgasmos de Ana siempre se describan con exactamente las mismas palabras y los de él también.
Dejando esto a un lado, el conflicto en el libro para mi se acaba en el momento en que Grey decide que si que la quiere y se enamora de ella. Y esto ocurre a mitad del libro. El resto es paja. 
Toda la tensión sexual, todo el interés o misterio que se basa únicamente en la complicada psique de nuestro millonario preferido y en por qué es como es se disuelve en el momento en que él deja de lado todas las normas con las que nos han estado aburriendo durante la primera mitad del libro sin hacerles ya más caso ni mención. A partir de ahí se convierte en un romance ligerito y blandito: te quiero, me quieres, me vuelves loca, tu a mi también.
Todas las dudas, conflictos y demás son paranoias mentales de Ana que si ahora está serio, que si ya no me querrá, etc, etc.
Huelga decir que a nuestra chica le molesta mucho que su novio sea muchimillonario y le compre cosas (curiosamente no escatima en detalles de marcas y modelos además de precios) y yo me pregunto:
¿Tanto problema te supone? Acabas de pescar a un millonario joven que le gusta hacer regalos caros porque es detallista, guapo, que está enamorado de tí, es maravilloso en el sexo y te pone como una moto exactamente ¿dónde está el conflicto? 
-¡que le gusta darme en el culete y hacerme de sufrir!
-¡anda a mamarla!
Y llegamos a la peliaguda cuestión: ¿No es machista este libro? El hecho de que la protagonista sea una jovencita virgen, inexperta que se enamora del príncipe azul que la lleva por un "camino oscuro" de vicio y perversión en la que ella satisface sus fantasías ¿eso no está hecho para complacer al hombre de la sociedad patriarcal?
Pues sí y no. Vamos a ver, yo pensaba así y en principio era lo que me hacía reticente a leer esta magna obra de la literatura moderna. Personalmente, no lo veo nada del otro mundo. ¿El mensaje? pues si, se puede interpretar ese mensaje, ¿pero de qué libro no se puede sacar un mensaje así?
Sin ir más lejos, ¿qué mensaje sacamos de Orgullo y Prejuicio? pues que la chica tiene que comerse los mocos en casa a esperar al marido de sus sueños y que lo escribió una mujer que se pasó la vida fantaseando con el príncipe azul que jamás llegó y se murió mas sola que la una. 
Lo que quiero decir es que claro, podemos extraer una conclusión así pero también podemos pensar que nos han contado una historia para hacernos pasar un rato entretenido sin más y no darle más vueltas. 
¿Que con esos ingredientes podría haber salido un libro mucho mejor? totalmente, se le podría haber sacado mucho jugo a esa situación, hacerlo mucho más erótico, mucho más profundo, más arriesgado, pero claro, no sería un best seller.
Vamos, que cuando yo conozca a un millonario guarrete, que esté como un tren, loco por mí y le encante llevarme a una espiral de lujo y depravación, pues ya os contaré si me dejo azotar o no.



viernes, 17 de mayo de 2013

La mierda de Santa Rita

Me contaba mi madre, que a su vez se lo contaba su madre y a su vez, la madre de su madre y así hasta el primer velociraptor de Murcia, una historieta no se yo si muy contrastada, pero aquí va:
Santa Rita estaba casada con un hombre que la trataba muy mal (igual era otra santa, fíjate) y que le exigía pues no se, lo que viene siendo maltrato psicológico hoy en día y entonces era solo un marido que llevaba los pantalones.
 Un día una paloma defecó (seamos elegantes) en la mesa puesta para la comida y Santa Rita la tapó poniendo un plato o un cuenco boca abajo para que su marido no lo viese.
 Él empezó a dar la vara con que esa comida que había servido no le gustaba y exclamó:
 -sabes lo que quiero? una mierda es lo que quiero!!
 Y Santa Rita ni corta ni perezosa levantó el plato o cuenco y dijo:
 -Pues ahí la tienes
 Y esa es la historia de la mierda de Santa Rita.
Moraleja: esa historia siempre la hemos utilizado en casa como referente de si alguien se pone hecho un potro, tu plántale lo que quiere en los morros aunque sea una mierda y quédate tranquila, que no te la hubiese pedido.
 El cuento en sí es una chorrada, pero estos días me ha venido reiterativamente a la cabeza considerando el estrés que estamos padeciendo por la recta final de los estudios de mi madre.
 Al parecer tiene un profesor de esos encantadores que debido a un grave complejo de inferioridad respecto a otras asignaturas porque sino no me lo explico les exige que en pocos días, después de haber prometido que no pondría trabajos que hagan un resumen de la historia del arte valenciano basándose en un capítulo de un libro de 120 páginas en solo tres, desde tiempos de los Iberos hasta 1982.
Toma castaña, cuando me lo contó no podía parar de reírme pensando en como resumiría yo todo eso simplemente por toquetería.
Le propuse hacérselo yo para que se lo pudiese entregar al profesor y decirle:
-Ale bonito, mierda de Santa Rita
Como no me ha dejado hacerlo para entregar (faltaría más) pero no he podido contenerme, aquí va mi resumen de la historia del arte valenciano desde tiempos de los Iberos hasta 1982 en tres páginas y aun me van a sobrar dos.
Disfrutad de todo el rigor histórico.

Vamos a ver, la cosa comienza con los Iberos que básicamente se dedicaban a pintar con los dedos en paredes, hacer joyas (que se les daba mejor) y figuritas de guerreros raros.
También se peinaban en plan futurista con rodetes en la cabeza, que llamabas a la ibera en cuestión y no se volvía porque no oía nada.
Luego llegaron los romanos, con un tiralíneas hicieron dos calles que se cruzaban en lo que venía siendo el centro de la ciudad y eso ya es un logro tu fíjate.
También hacían columnas. Muchas.
Luego llegaron los musulmanes y lo pusieron todo hasta arriba de azequias y todos los nombres de los pueblos empiezan por "al" o "ben".
Luego los cristianos lo rompieron todo y construyeron encima.
Los cristianos, primero construían mal y se llama románico, luego averiguaron como construir bonito y se llama gótico.
Luego volvieron a hacer columnas y es renacimiento.
Después se volvieron muy horteras y lo pusieron todo hasta arriba de angelotes y cristos con retortijones y es barroco.
Un dato curioso es que les sobró un centímetro de pared y no sabiendo que poner pusieron una cabeza de un bebé. Como quedaba un poco gore le pusieron unas alitas a los lados y así surgieron los angelotes esos barrocos que es solo la cabeza de un niño inquietante con alitas. Así aprendieron a rellenar los huecos y aprovechar el espacio.
Luego ya no les gustaba.
Luego otra vez les gustó.
Luego ponían cosas supuestamente hechas en China pero que no estaban hechas en China porque era carísimo traerlas de allí entonces es como arte chino pero en mal hecho (exactamente igual que ahora pero al contrario)
Luego llegó Sorolla que pintaba bien.
A partir de ahí el resto es hacia abajo en picado.

De nada mamá.

martes, 16 de abril de 2013

Nadie piensa en los niños

Últimamente se está hablando mucho del tema de los escraches en las casas de políticos, que si son violentos, que si eso es delito, que si es pecado mortal. Yo no suelo meterme en camisas de once varas y tampoco me voy a poner a evaluar si me parece válido o no que se hagan. Se han escuchado opiniones y quejas de todo tipo, incluso esa tan bonita de "esto es nazismo". A la señora que dijo eso le transmito esta anotación: Ud. no tiene ni idea de lo que es el nazismo ni sobre que ocurrió en la segunda guerra mundial, eso está más claro que el agua. Pero no es a esto a lo que voy, aunque me hierva la sangre cada vez que leo un comentario tipo: si esto no me gusta, es nazismo. No me hubiese metido en el fangueral si no me hubiese maravillado la siguiente afirmación: ¿por qué tienen que aguantarlo los niños? Me encanta. Me fascina. No diré que más me ocurre al leerlo porque es hasta obsceno. Me recuerda tanto tanto a la señora Lovejoy de los Simpson gritando aunque no venga al caso: ¿Es que nadie va a pensar en los niños? Ya lo comenté hace un tiempo en un post anterior: los niños pequeños, la madre o padre coraje, el "no sin mi hijo/a" nos toca la fibra sensible prácticamente a todos, todo parece mucho más grave si se le hace a un niño inocente que a un adulto. Y que yo no digo que no, a mi también se me rompe el alma si veo a una criatura padeciendo, pero por eso precisamente este argumento de "los que sufren son los niños, víctimas indefensas" me parece un argumento de mierda. Así de claro. Este argumento ha sido digerido y defecado previamente antes de ver la luz. ¿Por qué? Pues porque me parece que están intentando ablandar el corazón del personal utilizando a los niños como excusa. Si la idea era que nos sentásemos a pensar: -Pero que malos que malos estamos siendo, protestando en horario infantil, donde los pobrecitos hijos de políticos y banqueros pueden verlo, vamos a dejarlo estar. Pues lo han conseguido; yo me he sentado a pensar sobre todo esto. Me imagino sinceramente a ese niño. Me lo imagino monísimo, castañito y con el pantaloncito corto y las rodillitas peladas de tanto jugar. Lleva un tirante del peto desabrochado y un trenecito rojo en la mano, que ricura. Me imagino al angelito mirando con los ojos llorosos por la ventana mientras la turba increpa a su papá, le insultan y le amenazan. Su papá llega a casa con el abrigo revuelto de los tirones y deja la cartera en el suelo, el pequeño corre a sus brazos y llora: -Papá, ¿por qué nos hacen esto? ¿por qué te dicen esas cosas si tu eres muy bueno? ¿Quíen es esa gente? Visualmente la escena es de oscar como mínimo, me lo reconoceréis. Ahora os voy a contar la verdad sobre Pablito. A Pablito lo han criado con todos los lujos, vive en una casa preciosa, señorial en un barrio bien caro de Madrid o Barcelona y nunca le ha faltado detalle. Juguetes, un buen colegio privado, profesor particular si se diese el caso y por supuesto a la mínima tosecilla al hospital, privado también sin colas ni esperas. Cumpleaños por todo lo alto con cañones de confeti y lugares mágicos de fantasía, vacaciones en Baqueira beret y lo que haga falta, no reparamos en gastos. A Pablito lo ha criado su Nana, o su Tata o como la llamen en casa y su padre o su madre, que están muy ocupados, no le hacen ni el más putísimo caso. Cuando Pablito crezca, eso si, aunque sea un completo inútil lo colocarán en un buen puesto con un sueldo aún mejor para seguir mantentiendo el honor y el patrimonio familiar. Me parece fabuloso oigan, yo también desearía poder darle todo eso a mis hijos. Lo que no veo tan claro es que no sepan ni como se llama el crío pero luego se les llene la boca con el "nadie piensa en la pobre criatura" Es un argumento totalmente sensiblero, manido y sobretodo, rastrero. Es sucio, en lugar de decir: -me molesta que vengan a mi casa a decirme de qué mal me debería morir por ladrón y corrupto- que es la realidad, se dice: -pobre Pablito, que tiene que oir cosas terribles de su papi- Hay cosas que Pablito debería saber: Pablito debería saber que su papá o su mamá han hecho una cosa muy fea que es robar, robar a gente inocente como él y encima, cuando les han pillado han dicho que es mentira y por supuesto que no lo van a devolver. Que hay gente que se está quedando sin casa, sin comida, sin trabajo y que tienen niños pequeños como él, incluso con los que podría jugar, pero que probablemente no podrán porque les están quitando los colegios a los que ir por ejemplo. Me gustaría preguntar y obtener una respuesta sincera: ¿qué es realmente lo que les duele; que sus hijos vean las miserias del mundo, la desesperación de la gente, que sepan lo que es la realidad o bien que vaya la gente a molestarles a casa? Es egoísmo puro y duro, es la cultura de "no afronto las consecuencias de mis actos". Es un quiero hacer lo que me de la gana con total impunidad y nadie tiene derecho a quejarse, a colorearme la cara delante de mis hijos o hacerme pasar un mal trago porque eso, es nazismo. La cuestión es que quejándose del escrache y diciendo "pobres niños" (míos, claro) no se soluciona el problema, la gente no hace las cosas por hacer, las hace porque no ven otra alternativa. ¿No quereís gente protestando en la puerta de vuestras casas? Tiene solución, una muy clara y muy obvia: devolved lo robado, mandad a todos y cada uno de los corruptos a la cárcel y obligadles a devolver todo el dinero, aceptad la dación en pago de la vivienda, mejorad la sanidad y la educación pública, escuchad al pueblo y actuad en consecuencia. Pensad en vuestros pobres hijos, hacedlo por ellos, que tanto os importan. Pero claro, mientras escribo esto, me acuerdo de los Simpson, cómo no, que como dice mi madre son nuestro catecismo. Me acuerdo del señor Burns cuando recibe una llamada de "hombre feliz" y dice: -¿Un dolar por la felicidad? mmmm no, soy más feliz con el dolar.

viernes, 5 de abril de 2013

Pepita me tiene envidia

Estoy en la cocina preparando una comida de urgencia, a saber: comida que preparas casi a las tres de la tarde porque no te has acordado de comer antes y empiezas a marearte de hambre, de aspecto poco halagüeño. El sabor tampoco acompaña y cuando ya me ha subido un poco la glucosa pienso: - también ya me vale, me podría haber esmerado más. La cuestión es que me planteo, mientras cocino, la siguiente hipótesis: Supongamos que yo invito a comer a casa a unos amigos con los que no tengo mucha intimidad, puede que amigos del vikingo. Como he decidido lucirme les voy a preparar una paella, que resulta, que como no preparo a menudo o yo no estoy muy lúcida ese día porque como regla general no cocino mal, la cuestión es que me sale salada. Pero no salada de sentidita, salada tipo océano Atlántico, con un toque de mar Muerto. Total, que mis amigos como son buena gente se la comen ocultando los gestos de horror y me halagan muchísimo diciendo lo buena que me ha salido la paella. Y yo tan contenta. Pero Pepita, que no es tan solícita o que al menos no le da la gana mentirme me dice con total sinceridad: -Chica me vas a perdonar pero esto no hay quien se lo coma. La gente la mira con odio y yo me ofendo un montón: con lo buena que me ha salido a mí la paella... Acto seguido mis amigos se le tiran a degüello a Pepita y la ponen de vuelta y media, lo más suave que le dicen es que es una borde y una maleducada y que seguro que ella no es capaz de hacer una paella como la mía y que si sabe, que nos invite a todos a su casa y lo demuestre. Pepita dice avergonzada: -Pero es que está muy salada! y yo solo he dicho que no me gusta no que tu cocines mal. Yo no se preparar paellas Buena la ha dicho, enseguida se meten con ella alegando que si no sabe preparar paella como se atreve a criticarme -Bueno ya, no se hacer paella pero he comido paella antes y se cúando está buena y cúando no. En fin, cuando Pepita que ha aguantado el chaparrón con bastante dignidad y hasta se ha disculpado porque la paella no le ha gustado, se marcha una amiga me dice: -Tranquila, tu paella es maravillosa lo que pasa es que Pepita te tiene envidia. NO. He dicho que no y punto, Pepita no me tiene envidia porque haya dicho que mi paella es un asco, Pepita ha hecho una valoración de mi paella probablemente más objetiva que la del resto del grupo. Pepita no tenía intención de herirme probablemente solo quería expresar su descontento porque se le había dormido la lengua comiendo mi paella. Vamos a aprender a discernir un poco entre críticas en plan Barrio Sésamo: La paella es una mierda y Pepita dice: -Me vas a perdonar, pero no me gusta la paella, está demasiado salada. Pepita solo ha hecho una crítica objetiva en la que me ha presentado el motivo de su crítica La paella es un asco y Pepita dice: -No me lo tomes a mal, pero es que la paella está mala porque está demasiado salada, la próxima vez ponle menos sal y más agua, mi madre la hace siempre así y le salen de muerte. Pepita es una bellísima persona porque además de hacerme una crítica constructiva me ofrece un consejo sobre como mejorar la próxima vez. La paella es mala y Pepita dice: -La paella está salada y tu llevas un vestido horrible. Pepita es una cabrona La paella es un manjar de los dioses y Pepita está estudiando para ser chef pero no se le da demasiado bien y dice: -Tia, es la peor paella que he probado en mi vida, da asco. Ahí SI podría yo dilucidar que Pepita está jodida porque mi paella es mejor y me suelta la bordería con toda la mala idea. No se si me seguís; pero hay formas y formas de hacer una crítica y no se puede achacar todo a que la única motivación del que critica sea la envidia pura y dura. Al fin y al cabo, esa noche nadie pudo dormir sin beber tres vasos de agua y al día siguiente todos tenían los labios cortados de lo salada que me salió la dichosa paella. Y si la metáfora resulta muy abstracta para vosotros; sustituid "paella" por "danza" y está hecho.