miércoles, 23 de mayo de 2012

La lección de las semillas

El otro día el vikingo estaba devorando una de sus manzanas radiactivas. Las llamamos así porque las que le gustan son esas que son casi fosforescentes de lo brillantes y que las cortas y te lloran los ojos de lo ácidas que son. A mi personalemente no me gustan nada pero llevo un tiempo queriendo cultivar plantas en el balcón y le pedí que me guardase el corazón de la manzana para plantarlas. Finalmente extraje semillas de dos manzanas las limpié y las coloqué como cuando en el cole poníamos un algodón con lentejas o habas para hacerlas germinar, en unos botes de cristal, al sol. Este proceso me ha tenido ocupada las últimas semanas, vigilándolas atentamente esperando a que germinasen para poder llevarlas a la tierra. Y me ha sorprendido. Me ha sorprendido mucho lo que te puede llegar a enseñar una semilla de manzana. Durante los primeros días una de las semillas estuvo más adelantada que las demás, se separó enseguida de la cáscara y le brotaron unas hojitas diminutas. La trasplanté enseguida sin darme cuenta de un detalle muy importante. No tenía raíz. Creció durante unos días manteniéndose de los propios nutrientes que tendría la semilla y la dejé ahí con la esperanza de que todavía podía arraigar. Le siguieron otras dos, estas si que han sacado su raíz perfecta y fuerte y han crecido mucho, las hojas ya empiezan a estar grandes y en breve pasarán del semillero a su propia maceta. Crecen por días y cuando las miras una vez a la siguiente ya no están igual, me siento muy contenta cuando las miro crecer y pienso que podrán convertirse en un bonito árbol. La cuarta semilla empezó igual que sus dos hermanas mayores salvo que germinó un par de días después. Forma parte del grupo de las semillas de la segunda manzana y germinó al día siguiente de ponerla en el bote. Me alegré mucho cuando la vi, la planté enseguida pero como vi que le costaba soltarse de la cáscara intenté ayudarla con tan mala suerte que con la uña le partí los cotiledones. Los cotiledones son la parte de la que se alimenta la pequeña plantita en su fase de embrión con lo cual sin ellos tiene mucho más difícil salir adelante. Ha dejado de crecer y está estancada. Yo sigo esperando no haber hecho un daño irreparable y que pueda salir adelante aunque le cueste más. La quinta y la sexta aparecieron tiempo después, la quinta semilla parece más débil que las otras y le está costando mucho levantarse del suelo y empieza a amarillearse. La pobrecita sexta semilla tiene la raíz completamente retorcida, formando una espiral y aunque intenta salir a la superficie también saca una parte de la raíz, vamos que no sabe para donde tiene que crecer y como tengo miedo de romperla, no me atrevo a tocarla. Después, nada. El resto de semillas permanecen en su bote sin intención de salir salvo una en la que empieza a despuntar el filo blanco de la raíz muy lentamente. Todo esto me ha dado que pensar mucho, en las personas, en como nos comparamos con los demás, en los que admiramos porque salen adelante con más facilidad que nosotros, en que nos exigimos ser como éste o aquél porque los admiramos y queremos ser como ellos o porque les envidiamos. Nos preguntamos por qué ellos parecen salir de la tierra como si no fuese ningún esfuerzo mientras que nosotros permanecemos luchando en nuestro tarro de cristal. Y en realidad no deberíamos hacerlo. Cada semilla, cada persona se desarrolla de una manera diferente, no sabemos por qué una semilla es más fuerte, tal vez tuvo mejor acceso a la nutrición que necesitaba o a la luz o simplemente ha salido así. A veces hay personas que sin querer, intentando hacernos un favor, como ha sido mi caso o a veces queriendo, porque desean hacer daño, rompen algo esencial para nosotros, para nuestro correcto desarrollo, nos hieren cuando somos pequeños y débiles y eso nos dificulta seguir creciendo como hubiésemos podido hacerlo. Eso no significa que no podamos conseguir lo que nos proponemos, simplemente significa que nos costará más trabajo. Pero si no nos rendimos podemos conseguirlo. Estoy segura de que miles de plantas que hoy son árboles fuertes empezaron así. Tengo que contaros algo más; la primera plantita, la que no tenía raíz empezó muy bien pero por alguna razón no consigue arraigar y está empezando a pudrirse. No es oro todo lo que reluce, no por empezar algo muy bien significa que siempre vaya a ir todo tan bien. Se puede estropear en cualquier momento, sea algo ajeno o dependa de nosotros. Quizá la lección de esta semilla sea que no hay que tener prisa por crecer, sino más bien enraizar bien, aprender, hacer las cosas paso por paso y crecer cuando sea nuestro momento y no antes. Qué haré con mis plantitas cuando crezcan? tengo planes para ellas: las pasaré a macetas más grandes, de las que sobrevivan, porque se que no todas llegarán a germinar aunque yo lo quiera, hay algunas que no podrán pasar de ser semillitas nada más. De las que sobrevivan unas irán a macetas más grandes y las dejaré crecer hasta que no pueda hacerlo más. Puede que done una o todas a algún jardín o huerto donde puedan desarrollarse completamente como árboles. Pero también puede que intente convertir una en un bonsai. La que se convierta en bonsai será un árbol chiquitito y mono al que cuidaré mucho, le podaré las ramas y las raíces y seguramente le retuerza el tronco con guías para que tenga una forma bonita. Quién decide eso sobre nuestras vidas? quién pasará de la maceta al jardín y quién se quedará en una maceta para el resto de su vida? Quizá eso no lo elijamos nosotros o quizá si, yo creo que tiene una parte de cada. Hay personas que tienen la suerte de encontrar a alguien que les guíe en su camino aunque en el proceso les modele a su gusto, hay otras que no serán guiadas pero crecerán salvajes y a su aire y puede que a la larga eso sea mejor para esas personas. Quién sabe lo que es mejor para cada uno. Supongo que la lección obtenida de todo esto es esa; hay muchas formas de hacer las cosas y ninguna es mejor que otra pero los que empiezan bien pueden terminar bien o mal, los que empiezan mal también pueden acabar de las dos maneras. Los que no empiezan solo tienen un final posible. No podemos exigirnos ser como los demás ni compararnos solo podemos hacer nuestro camino y esperar a dar hojas, flores y frutos. Eso y que no puedes dejar a tu perro cerca de la maceta con tierra.

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