lunes, 7 de noviembre de 2011

Las cadenas rotas

Debo hacer una pequeña introducción a este texto y seré muy breve: lleva escrito casi un año pero por unas cosas y por otras no lo publiqué. Hoy en día solo he vuelto a hablar una vez con la persona de la que hablo aquí y por pura obligación, lo que corrobora estos sentimientos, así es la vida.


Como la vida misma se genera,
en una cadena de adn,
eslabón a eslabón se entrecruzan
nuestro pasado y nuestro futuro
nuestros padres, abuelos, nosotros mismos.
Lo que fuimos y lo que seremos
y aquello que pudimos ser y no fuimos.
Como la vida misma se desarrolla
en una cadena de personas
eslabón a eslabón, un día y otro más
aquellos que vimos en un momento
al bajar del autobús, en la cola del cine.
Aquel que nos puso mala cara y nos empujó.
Aquel niño que nos hizo la vida imposible y luego desapareció sin dejar rastro
como si la tierra se lo tragase.
Aquel que nos ayudó en la calle al tropezar y jamás volvimos a ver.
Todos nos conocemos, nos hemos cruzado alguna vez en la vida
como engranajes de un mecanismo.
Como la vida misma se entrelazan en una cadena,
las ramas de un árbol genealógico.
Eslabón a eslabón, la sangre y el alma
una vida a otra vida.
Descendemos y nos unimos a otros eslabones
creamos nuevas cadenas, creamos a otros seres humanos
creamos nuevas relaciones.
Que triste es darse cuenta de que al romperse
dos eslabones
la cadena se ha roto.
Que se ha oxidado y se ha vuelto pesada
como una mole de hierro.
Que vosotros no me queréis en vuestra familia
ni yo os quiero en la mía.
Que el amor que nos unía ya no existe
y que cada uno de nosotros busca sus propios lazos.
Me gustaría de verdad poder decir lo que pienso
y poder destruir el vínculo de los recuerdos que aún nos unen
porque no significan nada entre nosotros.
Dos vidas que ejercían de pegamento en nuestras vidas
de traductor entre vuestro idioma y el mío
ya no están.
Tu en tu camino, y yo en el mío.
Las cadenas deberían forjarse por amor
por el deseo de estar juntos
por el respeto y el cariño.
Y no por la obligación, el recuerdo y la memoria
de aquellos que nos amaron, al fin y al cabo
se revolverían de ver cuanto nos odiamos ahora.
¿Cúanto tiempo creéis que estaremos así?
¿Cúando perdamos más eslabones fingiremos que estamos más unidos?
El sonido de las cadenas rompiéndose es el fin de la historia.
Como la vida misma se destruye,
como la propia vida termina
de alma en alma, de cuerpo en cuerpo
dejamos de conocernos
nos vamos alejando
nos vamos ignorando
nos vamos olvidando.

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