domingo, 22 de agosto de 2010

La Reina de los Cielos

Llevo años intentando captar su belleza, la luz inmaterial de las estrellas.
Y nada me place, nada me basta, nada es capaz en el mundo de retratarlas.
Desde niña, he vuelto la vista hacia el cielo y he pasado horas contemplándolas,
horas surcando sus caminos con la mirada fascinada del plano celeste.
Y sin embargo no intento conocerlas, no me interesan sus nombres o sus rutas, me parecen tan bellas que la sola visión me sacia.
Y sueño con acercarme, quizá es de esas cosas de las que hablo poco o nada, y sin embargo es uno de mis sueños más ocultos y deseados: desearía poder ver las estrellas y la luna de cerca, poder viajar al espacio y quedarme en medio de la nada.
Y que el tiempo no cuente, y permanecer ajena a todo, únicamente para mis estrellas.
Anoche, mientras volvíamos en un coche, casi al amanecer, de la típica fiesta de fin de semana, que no digo que no me divirtiese, por supuesto que sí, sin embargo me dio por pensar.
Y pensé en la vaguedad de todo, de la vida en si misma, de lo trivial, de lo cierto y lo que no lo es y allí estaban ellas, contemplándolo todo, indiferentes a todo, al tiempo como lo medimos los humanos, a todo lo que nos afecta, a lo que nos aflige. Frías y lejanas bolas de fuego candente sin vida y rebosantes de belleza, absurdamente hermosas.
He pensado tantas veces en una explicación posible a su presencia, reflexionando sobre la existencia real del paraíso y si realmente estaría emplazado en la bóveda celeste, si las almas de aquellos a los que amamos reposan allí eternamente, contemplándonos, si ellas mismas son el calor de las ánimas que nos dejaron. Y ni siquiera me importa.
No me importa en absoluto esto tampoco, solo me importa contemplarlas y cómo me abstraen, cómo me hipnotizan, como hacen viajar mi mente de un pensamiento a otro sin nostalgia alguna. Porque yo no creo en el cielo. Creo en el alma sí, pero no en el paraíso, así que no puedo sentir que aquellos que amo están allá arriba. Sin embargo es hacia donde miro cuando deseo hablar a solas, su remota luz parece aclarar mis ideas y ayudarme a expresarlas, son mi instrumento para escuchar a mi propia mente, me tranquilizan, me pierdo en sus caminos sin sentirme perdida.
Cuando sueño con ellas, que viajo entre ellas, su tamaño varía entre gigantescos orbes que se pierden ante mi vista y bolitas de luz que caben en mis manos, me debato entre aquello que conozco en realidad y lo que no quiero conocer, entre lo que veo con mis propios ojos.
Cuando comenzaron a hablar de los viajes para turistas espaciales, mis padres comentaron que les parecía un absurdo total, también en clase hablamos sobre ello y a la gente le parecía un capricho sin sentido, una extravagancia de la gente rica, que no sabe que hacer con su dinero.
Hay tanta belleza en el mundo y yo se que jamás llegaré a conocerla toda, aunque mi alma lo desee. Hay tanta tristeza en el mundo y tanto dolor que aunque pudiera conocerla toda mi alma desearía colaborar para consolarla. Mi dinero si lo tuviese probablemente buscase más, manos necesitadas que astros donde posarse.
Y sin embargo, yo continuaré deseándolo, curiosamente, pues ni yo misma lo entiendo.
Busco un vestido de baile recamado de estrellas, busco recrear un cielo nocturno que llenar con mi danza, buscando esa luz que mis manos no saben dibujar,que no saben ni podrán retratar.
Me debato en ese deseo egoísta de los humanos de poseer un pedazo de aquello que ansiamos, de aquello que nos maravilla y ese deseo altruísta de la contemplación por la contemplación.
El tiempo, la vida, nuestros pensamientos, nuestros anhelos, aquello que creamos, aquello que acumulamos en nuestra existencia efímera no significan nada.
Nada absolutamente.
La maravilla que nos corona, aquello que existe porque existe, porque alguien lo creó o no, aquello a lo que hemos vuelto la vista todos los seres humanos desde el principio de nuestra historia.
La otra verdad universal junto con la muerte, no su infinidad, sino su belleza.
La belleza de los cielos que nos cubren.
Qué hermosas son las estrellas.

Nuda Veritas

Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad con la ayuda de Dios?
Eso, y más.

¿Qué es exactamente la verdad?

Es aquello que nos enseñan desde niños a decir siempre y bajo cualquier circunstancia a todo el mundo, aquello que si no cumplimos a rajatabla se convierte hasta en un pecado que puede llevarnos derechos al infierno. Los niños pequeños, no son idiotas en absoluto, y ven y oyen perfectamente, a veces más de lo que pensamos, se convierten en pequeños espías, en vehículos de información. En tiranos, en personitas crueles que siempre dicen lo que piensan, aunque lo que piensan sea horrible.
La verdad, es aquello que hace daño, aquello que muchas veces no deseamos oír. La verdad es aquello que suavizamos para no hacer daño a los que queremos, para no dañar nuestros intereses.
Es aquello que puede perjudicarnos, algo que no se valora; nadie quiere un empleado que le diga lo estúpido de nuestra política de empresa. La gente quiere un empleado que le diga Quién dijo semejante calumnia, aunque no sea cierta.
Es aquello que nos rompe el corazón, cuando alguien sin tapujos es capaz de decir "ya no te quiero" o "te odio" aunque sea la verdad más grande del mundo, aunque sea mejor para todos, nos duele y odiamos a la persona que nos lo dice, aunque el día que la conocimos le pedimos, le rogamos que siempre nos diga la verdad.
¿Qué es entonces la verdad?
Es aquello que no queremos oír ni a solas, aquello por lo que obligamos a nuestra mente a callar, aquello que puede llegar a torturarnos por no reconocerlo a tiempo.
Aquello, que el día que reconocemos su presencia y nos rendimos a la evidencia de su realidad, aquello en lo que pensamos realmente, nos llena de felicidad y de una carcajada incontenible y también de tristeza ante la crudeza de su rostro.
Es aquella cosa injusta, que no deben decirnos, si nos aman lo suficiente, y a la vez, la mayor prueba de amor y confianza.
Es aquello que omitimos cuando nos molestamos con alguien, y queremos hacerlo parecer peor de lo que es, para manipular la opinión de los demás hacia nuestro bando, y también es aquello que omitimos cuando queremos mejorar la opinión de los demás hacia alguien o hacia nosotros mismos exactamente con el mismo fin que lo anterior.
Porque, cómo aceptarían nuestros amigos y parientes a nuestra nueva pareja si les contásemos nada más llegar que lo han detenido nueve veces entre ellas una por asesinato?
A veces me pregunto, el por qué de esa insistencia de niños en que digamos la verdad siempre, cuando con los años, una goma de borrar moral aniquila ese principio dando espacio a nuevos conceptos como son la diplomacia, hacerse el loco, las mentiras piadosas, la verdad parcial, el disimulo, las mentiras, las mentiras podridas, la ocultación y la traición.
Por qué a las personas que insisten en decir la verdad se las tilda de animales, de bestias, de asociales, cuando la dicen.
Por qué si alguien se niega a fingir agrado por otra persona si esta no le gusta es un grosero o un maleducado si esta persona previamente le hizo daño a la otra. No es más grosero regodearse en su dolor fingiendo que nos importa? No es más fácil ser sincero e ignorarlo?
No es más fácil decir; dejemos esta relación, por muy familia que seamos soy consciente de que no te importo.
No es más fácil decir; me enamoré de ti pero desgraciadamente no siento lo mismo ahora.
No sería más fácil mirar para otro lado cuando vemos al niño que nos rompió un diente en el colegio y nos jodió la infancia en lugar de saludarlo por la calle y decirle lo guapísimos que son sus hijos cuando en realidad lo que deseamos es decir: ojalá encuentren un matón como tú y no puedas hacer nada y ese día te acuerdes de mí.
Por qué decimos que estamos enfermos o que tenemos mucho trabajo cuando lo que deseamos decir es, mira, hoy no me apetece ver a nadie, sin más explicaciones.
Si realmente educásemos a la gente en la verdad, no sería necesario educar en la mentira, no sería necesario decirle a nuestros hijos antes de que llegase la visita; no le digas que ayer la perra comió las sobras de la comida o pensarán que la desperdiciamos, ni se te ocurra decir que compré aquel vestido tan caro...Es sorprendente lo perfecta que tengo la dentadura a juzgar por la cantidad de veces que me han dado un codazo para que me callase.
Vivimos demasiado preocupados de la opinión de los demás y a veces no nos damos cuenta de que a los demás les importamos tan poco que no tienen ni opinión sobre nosotros.
Y hay veces también que obligamos a los demás a mentirnos, cuando nos ofendemos por haber oído una verdad que realmente no va ni con nosotros.
Es un experimento que llevo años haciendo con algunas personas, con una en concreto, por la cantidad de años de relación, Ella me enseñó que la verdad, lo que pensamos en cada momento se podía decir y no tenía por qué ser molesto ni doloroso, sino simplemente, las cosas como son, que hasta puedes reírte de ello y no darle más importancia.
Con el tiempo, es una realidad a la que te acabas acostumbrando, una sinceridad que deseas y una opinión que deseas escuchar, libre de toda contaminación y que valoras.
Sin embargo, es como la Desnuda Verdad de Klimt, que sostiene un espejo en el que el mundo, todavía no quiere mirarse.