miércoles, 11 de junio de 2008

Del Lechitas; con amor

Este post no va a ser agradable, os lo aviso: si vuestro estómago es sensible o hace menos de dos horas que habeis comido no lo leais, el tema en sí es repulsivo pero ¡tenía que decirlo!
Desde que yo abro los ojitos al alba (al alba se entienden las 7: 30 de la mañana, yo eso de madrugar lo llevo mal) arrullada por los trinos y gorgeos de los pajarillos (tengo un canario bastante histérico) hasta el momento en el que salgo por la puerta de mi casa paso por un duro proceso de acicalamiento que me deja casi más agotada que cuando me acosté.
Y no lo hago por vanidad, oh, no (mentira) lo hago por los corazones sensibles de los pobres viandantes y pasajeros del metro.
Si; yo me levanto convertida en un monstruo de las cavernas y quien diga que se levanta como Blancanieves, con el pelo peinado y el flequillo perfecto (ahora recuerdo porqué no me lo quería hacer) y la piel divina y blanca como la nieve miente.
Durante mi aseo diario intervienen geles varios, champú, pasta de dientes, mascarillas, serum, tónicos y exfoliantes y por supuesto perfume/colonia según tenga yo el día.
Así escrito parece una barbaridad de cosas pero en realidad todos más o menos gastamos un número similar de productos de belleza e higiene personal.
Se publicó recientemente un estudio que escuché con mucho interés en el que decían que el olor es completamente subjetivo, que la reacción de un mismo perfume en dos cuerpos diferentes produce dos esencias distintas, que no hay dos personas que perciban igual el mismo olor y que nos sentimos atraidos por olores familiares como los de nuestros padres por ejemplo.
Generalmente es un tema que me causa curiosidad dado que yo apenas tengo percepción olfativa; se me podría estar incendiando la cocina y yo no darme cuenta hasta ver el humo y las llamaradas.
Sin embargo hay olores que me llegan intensos y desgraciadamente para mi, son todos malos.
Aquí viene mi denuncia pública:
Hay un hombre que sube una parada despues que yo al metro; es bajito y no muy agraciado, el típico calvito que se peina con greñas hacia arriba para disimular su calvicie y lleva un mostacho enorme.
La cuestión radica ahi; en ese mostacho, en el que debe retener saliva desde 1980.
¿No conoceis el aroma a estornudo? pues ese hombre huele así pero lo gracioso del asunto esque debo de ser la única a la que le entran arcadas de verlo entrar puesto que nadie hace ningún gesto de desagrado ni parecen molestos de que el hombre se siente a su lado.
¿Es esa la prueba de que el olor corporal es cuestión de la percepción de cada uno? por otra parte pienso; el que nos guste un perfume o no puede ser, pero el mal olor creo que lo notamos todos, despues de todo en clase cuando alguien dice huele a cañería o algo así, más gente lo huele también.
Que buena es la gente, que civilizada, que solidaria, como aguanta pacientemente hasta que el señor que huele mal se apea.
Seré yo la única malévola áspid que al entrar ese hombre en el vagón no puede contener el gesto de espanto y que reza a todos los santos que se sabe que por favor no se siente cerca mío.
Ese debe de ser el mal karma que genero, o eso o que esta perdidamente enamorado de mi porque siempre lo tengo delante y me hipnotiza la visión de su mostacho en el que creo ver las gotitas de rocío salivado, las estalagtitas blancas pendientes de las cerdas de su bigote y los duendecillos grises que habitan este extraño paraje que alaban al dios creador de la lluvia de la mañana.
En el barrio en el que vivíamos antes moraba un esperpento que mis padres apodaron "el Lechitas" por una razón que nunca sabré.
Era un hombre al que el agua de la ducha ya no le lavaba por la sencilla razón de que estaba cubierto de una capa que lo impermeabilizaba.
Las greñas grasientas le colgaban por la cara y no entraré en detalles de su ropa porque podría pasarme horas aquí.
Ese hombre ya debió de morir pero generó una saga en la que a cada ser de estos que veíamos por la calle quedaba automáticamente emparentado: la novia del lechitas, el hijo del lechitas, etc
Ojo, he visto indigentes mucho más limpios, no estoy hablando de pobreza sino de higiene.
El otro día en el metro me encontré con una novia del lechitas (que debe de parecer ya uno de los miembros de esas sectas que tienen cientos de esposas) y casualmente se me puso al lado.
Si yo un día sudo procuro por todos los medios alejarme de la gente por miedo a oler mal (esto ya es manía persecutoria mía pero que quereis; me da vergüenza), bueno, esta mujer no solo no se alejaba sino que cada vez la tenía más encima y el olor a basura me estaba mareando ya de buena mañana.
Me pregunto entonces; ¿porqué me sabía tan mal moverme a otro sitio y alejarme un poco del olor? Y no solo yo; finalmente me moví cuando pensaba que no podía soportarlo más y detrás mío vinieron un chico y una chica dejando a la mujer sola mirándonos con rencor.
¿Porqué nos preocupa tan poco empujar o enfadarnos con alguien en el metro y sin embargo nos da tanta vergüenza alejarnos de alguien que nos obliga a elegir entre permanecer en el sitio y nuestro desayuno?
No creo que se pueda considerar una ofensa hacia ellos puesto que nadie les ha dicho:-señora: usted me repugna, simplemente eres tu el que se ha movido y sin embargo me encontré buscando excusas tipo:- creí que podría sentarme o - no quería bloquear la salida- en el caso de que la mujer me preguntase.
¿Y para qué? Igual que nadie le iba a decir a esa mujer que olía a desperdicios de tres días, nadie iba a preguntarme a mi porqué me cambio de sitio cada vez que alguien huele mal.
Si esque no se para que me preocuparé tanto.

viernes, 6 de junio de 2008

El señor revisor no se rie, no se rie el señor revisor

Yo comprendo que ser revisor del metro no sea el trabajo más bonito del mundo; entiendo que no sea divertido como ser profesor de algo que te guste o como alguna profesión artística (para mi esos trabajos lo son aunque no soporto eso de :- oh que suerte, tu trabajo es también tu hobby-)
Para todas esas personas que piensan así he de decirles:- vale, ser bailarina no es un trabajo feo, de hecho es vocacional absolutamente pero ve tu a bailar a 0 grados a una cabalgata de reyes o con fiebre o con una esguince de ligamentos a ver si te hace gracia.
Pero estoy de acuerdo en que no es ni de lejos como ser revisor del metro.
Respetando los gustos de cada uno pienso;- de acuerdo, a mi no me gustará, pero tampoco me gustaría ser abogado o notario y hay gente a la que le encanta, de todo tiene que haber.
Y sin embargo, cuando veo sus caras (las de los revisores, se entiende) no creo que haya ni uno con esa vocación desde niño.
Imagino al pequeño futuro revisor colocando todos sus peluches o muñecos en filas en tal vez una estructura hecha de cajas de zapatos, cojines, cintas de vhs o simplemente ficticia y cobrándoles su pasaje con pequeños billetitos recortados en cartulinas o folios...y es que no me sale.
Alguno tiene que haber desde luego, conocí a una chica que de pequeña quería ser notaria y se pasaba la vida jugando a que daba fe de testamentos o que controlaba concursos y cosas así que supongo que harán los notarios, una profesión de la que estoy bastante desinformada.
La chica en cuestión terminó haciendose filóloga y me contaba riendo que no tenía ni idea de donde le vino esa afición puesto que nadie en su familia era notario pero que ahora le parecía la profesión más aburrida del mundo.
Sin embargo, no conozco a ningún revisor y no puedo preguntarle si este trabajo también es su hobby o si es más bien lo que denomina mi padre como "las lentejas", pero creo saber la respuesta viendo las caras de amargura que tienen al entrar al metro.
Piden el billete y apenas lo miran, casi se fijan más en la expresión de tu cara, de hecho alguna vez he colado un billete ya caducado entregándolo con indiferencia sin apenas levantar la cara del libro que leía sabiendo que entregaba el billete completamente en orden.
Sin embargo, si alguien les entrega el billete con la mano temblorosa y con gesto esperanzado rápidamente el revisor le presta tanta atención como si de una carta de amor se tratase.
Con una ceja levantada irónica buscan y rebuscan cualquier falta que reprochar, algo asi como :- este billete tiene la puntita doblada: paga otro.
En el fondo los comprendo; la mayor diversión de esta rutina debe de ser meterse con la gente en busca de algún tipo de emoción escudados además en su condición de funcionarios por la que parecen poder escupirte a la cara sin que tu puedas hacer nada para evitarlo.
Por ejemplo, una vez volvía de visitar a una amiga de casa de su padre que vivía en el campo.
Despues de un día de caminata estaba muy cansada y me dolían las piernas así que al subir en el metro y este ir medio vacío apoyé las piernas en los asientos de delante con buen cuidado de apoyar solo el tobillo y no las suelas (comodona puede, sucia no)
A mi alrededor la mayoría de personas que viajaban en el metro estaban en la misma postura con la misma cara de cansancio que yo y en ese momento hizo su aparición una revisora.
La señora revisora debía de haberse dado un atracón de limones antes de entrar, iba con los labios apretados y cara de mala leche en general.
Uno a uno nos iba pidiendo que le mostrásemos el billete y al llegar a mi debió de pensar con su cara de mala de la película: -muajajajajja esta jovencita indefensa pagará que me han sentado mal los limones.
Y vaya si lo pagué; al entregarle el billete y estar en orden la mujer se puso roja, tomó aire y en el transcurso de tres paradas no volvió a respirar ni a tragar saliva echándome la bronca como estaba:- que porqué pones los pies en el asiento que si tal que si cual- yo me limité a contestarle las dos primeras veces, luego siguiendo mi costumbre de no darle cabezazos a una pared lisa la deje hablar y continué leyendo.
Cuando se cansó de gritarme pasó al siguiente que tuvo la mala suerte de no llevar billete.
Normalmente cuando no llevas billete tienes dos opciones según el revisor que encuentres:
la primera es que te hagan pagarlo y ya está, y si el revisor ese día es majo te cobra el billete y se va tan tranquilo y si te toca el revisor con ganas de pelea te cobra una multa de 10 euros con tu protesta y su discusión posterior.
La segunda es que te hagan bajar directamente del metro en la siguiente parada.
En esta ocasión la mujer estuvo otras cuatro paradas gritándole a este hombre hasta que finalmente este se cansó y le contestó, mucho y muy mal.
Yo no digo que haya que recurrir al insulto, pero es que esta mujer iba buscando discutir desde el principio y se merecía bastantes de las burradas que le dijo.
No todos son así, pero parecen disfrutar con las regañinas aunque no he leido en ningún sitio una norma que diga: El señor revisor tiene derecho a abroncar a los pasajeros a su antojo en los siguientes casos; no llevar el billete, no ticar el billete en la parada correspontiente, poner las piernas en el asiento de enfrente y alguna más que se le ocurra sobre la marcha. Es obligación del pasajero aguantar con estoicismo la bronca del revisor y no contestarle a nada.
En algunos veo la vocación perdida de profesores, policías o madres y padres frustrados, tal vez es lo que querían realmente ser pero una oposición y un salario de por vida se interpusieron en su camino dejando a un lado sus sueños y eligiendo una profesión que en realidad no les gusta.
Un día volvía en el metro a las 7 de la mañana con un montón más de gente que volvía de zonas de fiesta y al metro se subieron 4 revisores (no uno solo sino 4)
Organizaron una especie de competición, a los 5 minutos, la mitad de pasajeros se habían bajado del metro con su consiguiente regañina, se sentaron delante mío y entre risotadas decían:- a cuantos has tirado tu? -yo? a 3 jajaja y vosotros? - yo primero a una pareja y luego a las niñas esas que estaban ahi
Era algo así como una fiesta, los imaginé preparándose antes de subir al metro;- mira mira ya viene! uhhh cuanta gente va a subir hoy!! que bien lo vamos a pasar!
Yo no digo que sea un trabajo grato, no digo que cumplan o no con su obligación pero los pasajeros somos los clientes y aun no he encontrado un lugar en el que me sienta más como en el colegio tratados un poco como ganado y cantando en el autobús a pleno pulmón: el señor conductor no se riiiieee...