domingo, 13 de abril de 2008

De libros en el metro y libros en general

" Hay tres tipos de libros; los buenos, los malos y los pobre árbol. Los buenos son los que lees una y otra vez y te encanta tenerlos en casa, a veces hasta repetidos en diferentes ediciones, los malos son los que lees una vez pero prefieres que sean de una biblioteca y los pobre árbol son los que cuando los terminas de leer, si es que llegas a hacerlo, piensas: pobre árbol..."
" Cuando eres alérgica al polvo y a los ácaros solo puedes tener un número máximo de 4 gatos en casa y 5000 libros" Espido Freire, escritora.

A todo esto que sabiamente dijo mi muy admirada Espido Freire en Noche sin tregua le añado yo:
Si comienzas a leer un libro que no te gusta, que te parece un tostón insoportable tienes dos opciones; le das otra oportunidad y lo terminas y tal vez saques algo bueno de éste o bien lo dejas en la página que te hayas quedado y lo regalas o lo vendes o lo tiras a reciclar.
Hay libros que me han costado de leer y hay un caso en particular en que tras varios intentos no conseguí pasar de la página 20 sin caer en un coma profundo, así que relegué el libro al baúl de los recuerdos y en el último traslado que hice no recuerdo si lo reciclé o lo doné junto a otros a la biblioteca pública. El caso es que a mi nunca se me ocurrió llamar al señor Italo Calvino (tampoco a sus descendientes ya que lleva bastante tiempo muerto...) para decirle que sus libros me parecieron una bazofia sin sentido. Como mucho digo que no me gustaron pero eso no impide que sea considerado uno de los autores más importantes del s XX y de gran valor filosófico.
Esto (por si todavía no hay aludidos) viene a cuento de algunos comentarios que recibieron mis textos recientemente.
Estoy completamente segura de que académicos de la lengua y la literatura tan ilustres que pueden permitirse el lujo de corregir a otros, en concreto a mí, tendran muchas cosas mejores que hacer que leer textos soporíferos y segun ellos mal redactados , como por ejemplo recibir algún premio de literatura, leer textos mejores que los míos o escribir los suyos propios.
Además yo tengo también mejores cosas que hacer que leer críticas sádicas y comentarios insultantes en los que por cierto: "además" y " y para más inri" son sinónimas y en una misma oración producen un fenómeno llamado redundancia o en ciertos casos rebuznancia.
Por el bien de todos y de nuestro tiempo libre, yo continuare escribiendo mis textos de mil lineas si es lo que me parece y vosotros continuareis buscando una vida propia o una forma de darle sentido aunque sea tan destructiva y absurda.
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Tengo por costumbre leer en dos momentos del día, ya sea por costumbre adquirida o porque me concentro mejor y estos son por la noche, en la cama antes de dormir y en el metro, en los trayectos largos.
Últimamente he tenido que abandonar la del metro puesto que mi espalda ya dolorida y mi mochila no soportan más peso del que llevo habitualmente y a menos que el libro que esté leyendo sea pequeño, no puedo transportarlo.
Sin embargo he de reconocer que es uno de los momentos en los que más me gusta leer puesto que parece que el mundo se hunda a mi alrededor e incluso percibo menos ruido que cuando llevo los cascos con música.
Muchas veces he dejado pasar mi parada para ver como terminaba el capítulo dado que soy bastante maniática en ese sentido y me gusta abrir el libro siempre por un capítulo nuevo.
Me resulta curioso cuando alguien a media tarde se sienta en el salón a leer, yo soy incapaz; encuentro siempre mil cosas para hacer o me molesta cualquier cosa que me distrae.
Cuando llego de clase suelo encontrar a mi madre leyendo en el salón y a veces a mi padre junto a ella, cada uno con su libro y yo no puedo, como tampoco puedo en una biblioteca por ejemplo.
Pero cuando llega la noche y me acuesto en mi cuarto me resulta imposible dormirme si no leo aunque sea solo una página.
Solo hay una ocasión en la que puedo leer a cualquier hora, y es cuando tengo en mis manos un libro que realmente me gusta, ese libro que veo en una librería y parece llamarme a gritos, al que me acerco y echo una ojeada a la portada y a la contraportada y pienso;- vaya parece que está bastante bien. Despues lo abro, veo el precio, me levantan del suelo un par de asistentes de urgencias, los oigo decir;- otra víctima infartada, dejen paso por favor - si, hay que ver lo caros que se han puesto los libros últimamente.
Tras algunas semanas de ahorro o haciéndoles una encerrona a mis padres a los que casualmente me apetece muchísimo acompañar a la librería por fin tengo el objeto de mi codicia en mi poder y puedo llevarlo a mi refugio y comenzar a devorarlo como buen monstruito.
Este fue el caso de Wicked, memorias de una bruja mala, continuación supuesta del Mago de Oz y que me encantó. Pese a su volumen considerable me acompañó por prácticamente todas las lineas de metro de Valencia y durante mis breves vacaciones de verano en el autobús.
Tan adictivo que hacía que pudiese leerlo a cualquier hora y en cualquier lugar.
Un libro que por cierto os recomiendo y al que no le hace justicia un edulcorado musical de Broadway que cae en los tópicos que precisamente el libro pretende desmentir y que como parece que sea la costumbre americana elimina toda mención posible a sexo, deformidades o cualquier profundidad psicológica.
Antes de irme por las ramas y volviendo a la vía de metro parece que bastante gente tiene la costumbre de leer en el transporte público.
Siempre tenemos un lector adjunto que se nos añade al hombro y lee por encima de este.
Hay veces que me han dado ganas de poner el libro en el centro con tal de no sentir un aliento en la nuca y otras que yo he sido la lectora de hombro.
Desde que no puedo transportar yo misma a mi acompañante de papel tengo que conformarme con cazar al vuelo palabras sueltas tras el hombro de otro lector.
E incluso he desarrollado un juego sobre esto, es bastante entretenido: consiste en que yo leo lo que puedo de un libro y antes de que su dueño baje del metro intento adivinar su título o su autor y si tal vez me interesa o no comprarlo y terminar de leerlo.
La pena esque no siempre se consigue y la última vez que leí algo realmente interesante no conseguí luego ver la portada del libro y me quedé con las ganas de averiguarlo.
También me gusta ver que clase de libros lee la gente y cuanta gente los lee; en un solo vagón conseguí contar hasta 7 códigos da vinci y 3 ángeles y demonios.
Hasta la fecha debo de haber visto unos 10 o 12 mundos felices de Aldous huxley, no quiero pensar la cifra de códigos da vinci, 3 o 4 sinués el egipcio (cosa que me alegró y me dieron ganas de comentarlos con el lector en cuestión) y un solo sabor a hiel de ¿Ana rosa quintana?
Desde que no puedo llevar mis propios libros tengo que conformarme con contabilizar los que leen los demás o intentar averiguar sus títulos para entretenerme.
Si la gente a veces no fuese tan destructiva y no tuviese las manos tan largas estaría bien una mini biblioteca a bordo con unos cuantos ejemplares para leer un rato y dejar y no tener que cargar con ellos, podrían incluso cambiarse cada 2 o 3 meses para renovarlos.
Hay tantas cosas bonitas que haría en mi mundo ideal...

jueves, 3 de abril de 2008

Respeta ese sitio; se sienta mi bolso

Uno de los complementos de moda más utilizados y en uso práctico el más util creo que es el bolso.
A las mujeres y a algunos hombres actualmente parece que nos haya crecido un apéndice extraño, cual bolsa de marsupial que nos acompaña a cualquier parte.
Lo abrazamos amorosamente cuando nos vemos empujados por multitudes a fin de protegerlo a él y a las cosas que contiene, le sacudimos el polvo o la suciedad del roce cuando nos acomodamos en el asiento y como a un niño malcriado lo tenemos en nuestro regazo a punto de cantarle "aserrín aserrán las campanas de san juan" mientras lo mecemos y el bolso rie histérico.
Pero mira, va a ser que no, el bolso es un objeto como puede ser un abrigo o unos zapatos y ni rie, ni siente, ni se cansa.
Aquí es donde yo me pregunto: -¿Por qué la gente sienta a los bolsos?
Mucha gente se acomoda en el asiento y seguidamente en el asiento de al lado acomoda al bolso, a veces me planteo si es una emulación de un amigo, de un compañero de viaje, algo puramente psicológico porque pienso que por seguridad no es; es más facil que te roben el bolso separado de ti que si lo llevas cogido en brazos y evidentemente si no lo sientas el bolso no se enfada y sigue abriendo sus vergüenzas para tu uso y disfrute.
En realidad yo siempre me siento más cómoda llevando el bolso agarrado encima pero hay gustos para todo.
Lo que en verdad me da a mi que pensar es por qué la gente se enfada o se molesta cuando les pides que apartes el bolso para sentarte tu y es lo que ha sucedido esta mañana:
Al subir al metro una chica había acomodado su bolso en el asiento de al lado mientras leía el periódico; han pasado una, dos, tres y hasta cuatro personas sin decirle nada, buscando otros asientos donde colocarse y cuando he llegado yo he dudado durante un tiempo si pedirle que me dejase el sitio o no.
Al final he pasado de largo sin ganas de hablar de buena mañana y me he sentado en uno de los escasos sitios que quedaban, pero mucha gente se ha quedado de pie y sin embargo el bolso no se ha movido de su asiento hasta que ha bajado del metro.
¿Hay alguna ley no escrita, algún código de honor o de educación del que yo no me haya enterado en el cual se respeten las prioridades y el derecho a asiento de un complemento de moda antes que el de una persona?
¿Qué será lo próximo? ¿Sentar unos zapatos? ¿una pulsera tal vez?¿ un sombrero?
Vale que el pobre bolso también tenga lo suyo, todo el dia preñado de los trastos inútiles que le hacemos transportar. Desde luego debe de ser un alivio cuando al día siguiente o al llegar a casa le hacemos vomitar todo lo que se ha tragado para ocupar a otro con su carga.
Pero creo que debo de hacer hincapié en que está concebido para eso y no se cansa, así que cuando alguna vez me han puesto mala cara o con un suspiro de desagrado han apartado el bolso de mi trayectoria me he preguntado si se trataría de una especie de amigo imaginario, de una vocecita que yo no puedo escuchar.
Siento volver a caer en el tema del egoísmo, pero esque esto no tiene otro nombre en realidad, lo único que he hecho ha sido divagar en torno a un tema absurdo por no admitir que la mayoría de la gente es esencialmente egoísta, más preocupados por su propia comodidad que por la de otras personas.
Tal vez un día de estos me haga un letrero que coloque cuidadosamente sobre mi bolso y que diga ( a ver si lo adivinais) " Respeta ese sitio; se sienta mi bolso".

martes, 1 de abril de 2008

La maldición de los móviles con mp3

La tecnología avanza a pasos agigantados, a grandes zancadas de 7 leguas; hace unos años, no muchos el telefono móvil era solo un privilegio de yupis (entonces se llamaba asi a los ejecutivos trajeados) y una pijada monumental, y ellos iban dando voces por la calle para que la gente se fascinase en contemplar la maravilla del invento que por cierto parecía mas un ladrillo o una cabina telefónica, eso si, sin cables.
Y la gente se volvía y murmuraba -oooohhhh mira, eso es un teléfono móvil.
Ahora ya no, ahora ya tiene móvil cualquier hijo de vecino, incluso niños pequeños y ha cambiado el castigo típico de: -como no te portes bien te haré copiar 100 veces no desobedeceré a mis papás- por - como no te portes bien te dejo sin saldo en el móvil.
Ahora los móviles han pasado de ser meros aparatitos por los que llamar y ser llamado a recibir mensajes, navegar por internet, tener msn, mp3, juegos, películas, teclados de ordenador, agendas electrónicas incorporadas...y esta bien, esta realmente bien lo que no esta tan bien es el uso que le dan al mp3 del móvil.
En la normativa de emt y metrovalencia esta claro como el agua: bajo pena de multa está terminantemente prohibido utilizar aparatos de sonido en el autobús/metro que molesten al resto de pasajeros.
Y molesta, molesta mucho cuando estás esperando el metro y una horda de (bakalas/gitanillos/sudamericanos reguetonianos) (no los únicos, si los mas frecuentes) suben a tu vagon acompañados de 3 o 4 móviles sonando intermitentemente a todo volumen mientras ponen canciones que yo no distingo una de la otra.
Y no lo soporto porque en parte eso atenta contra mi libertad, mi libertad de escuchar o no lo que me de la gana, porque no soporto ni la música máquina, ni el gitaneo, ni el reagueton o como se escriba y tengo todo el derecho del mundo a no escucharlo, ni yo, ni todo el andén.
Y direis, pues cógelos cuando te molesten y diles que paren la música pero creo que no he equivocado el término horda porque jamás van solos y yo sinceramente soy valiente hasta cierto punto, pero con mi escasa estatura no me atrevo contra un grupúsculo de estos, porque aprecio mi integridad física.
El otro día sin ir más lejos esperaba el metro en la parada y aguanté un amplio recital de lo que me parecía camela o un grupo de esa índole; los pinchamóviles de esa ocasión eran 3 gitanillos de pelo cenicero y arete dorado en la oreja que con gesto de besugo escuchaban y comentaban la calidad de la pieza: -ta wapo ´io (esta guapo tio (está bien/es bueno/interesante amigo)) Y no es que yo tenga nada contra la etnia gitana, tengo en contra de los gitanillos que en mi diccionario rico en matices no es lo mismo que un gitano; el gitanillo es una extensión de la estética bakala para ser precisa.
Pero a lo que iba; fascinación ejercen en mi las pandillas de esperpentos, sobretodo en los previos a fiesta viernes y sábados en los que sacan sus mejores galas (ja, ja, y requetejá) y viajan en el metro armados de la banda sonora que desde que alguien incorporó mp3 a los móviles (ojalá se pudra en el infierno!!) los acompaña siempre.
Me impresiona cuando la acompañan de palmas tribales con la cabeza hundida entre las manos haciendo gestos y muecas de placer como diciendo (o cuando lo dicen directamente) -esto es buena música, esto es lo bueno.
Me impresiona cuando hacen el gesto del brazo cual si sujetasen una lanza (reminiscencia tribal de la que hablaré algún día), en general, me impresiona siempre su falta de vergüenza que debe de ser intrínseco a su falta de cultura, vocabulario e inteligencia en general.
Pero la cuestión básica y primordial a la que siempre vuelvo es al respeto y a la educación; a no todo el mundo le gusta el metal o la música árabe o celta como a no todos nos gusta el reagueton;
¿por qué tenemos que aguantar unos cuantos los gustos de otros? ¿a quién se le ocurrió la idea de poner en manos de unos becerros otra posibilidad para molestar?
¿Y por qué cuando veo a un grupo de impresentables de estos sufro un arrebato de ansias de tirarlos a todos de una patada a la vía?